LA BATALLA DE WATERLOO
La batalla que marcó el fin de Napoleón y de su imperio francés

Escrito por: P.Argenter Leído 52.561 veces.

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El 26 de febrero de 1815, el emperador Napoleón Bonaparte huye de su exilio forzado en la isla de Elba y se encamina hacia Francia. Decide reunirse con las principales potencias europeas (La Séptima Coalición) e intenta desesperadamente pactar con ellos, lo cual no le salió bien ya que ya no le consideraban el emperador de Francia y ya nadie le quería escuchar. Aquello le dolió profundamente y decidió invadir Bélgica, lugar principal donde los aliados de la Séptima Coalición se habían instalado. Ante todo, volver a rescatar el trono francés, en manos del rey Luis XVIII, nieto de Luis XV y a reclamar a Austria a su hijo, nacido de su segundo matrimonio con la archiduquesa Maria Luisa, el rey de Roma.


Napoleón no tardaría mucho en volver a ser el emperador que fue anteriormente a su exilio en Elba y empezó a movilizar sus tropas hacia el norte del país, pasando la frontera belga y ganando territorios. La época en que Napoleón comenzó la invasión hacia los Países Bajos, denominado, Los Cien Días. La ofensiva preparada enfrentaría a todas las tropas que pudo conseguir en su país por aquel entonces. Para él, la batalla ya era ganada nada más empezarla el seis de junio. No aceptaba a Wellington al que tachaba de mediocre y de segundo rango, puesto que el general inglés gozaba entonces de un declive en su carrera y de las malas relaciones políticas por las que su país pasaba con Prusia, uno de sus aliados. Su ambiciosa idea expansionista le iba a costar muy cara tras la batalla de Waterloo y su idea hacia Wellington también cambiaría.


Wellington que se encontraba en Bruselas, quedó perplejo por las avanzadillas francesas. Junto a él se encontraban los principales generales de la Séptima Coalición. Por otra parte, Austria que durante muchos años fue enemiga de Francia, recibió por entonces, cartas del propio Bonaparte, reclamando la custodia de su único hijo. El inglés alertó a todos los altos mandatarios de la Coalición y se encaminaron hacia la frontera belga con Francia para parar los ataques y avanzadillas de las tropas napoleónicas que iban ganando terreno e iban acercándose a Bruselas. Por su parte, las tropas aliadas de Prusia partían desde Lieja y entraban a Alemania, unos 75 kilómetros entre las tropas británicas y prusianas. La gran distancia que los separaba podía dar una gran oportunidad a Bonaparte para atacar los Países Bajos y atacarles uno por uno sin esperar que uno defendiera al otro.


Estos fueron los países que participaron:


Francia se enfrentó a la Séptima Coalición, constituida por Prusia, Britania (Reino Unido), Hannover, Brunswick (ambas en la actual Alemania), Bélgica, Luxemburgo y Holanda.


Diario de la batalla:


El diez de junio de 1815, las tropas napoleónicas ya tomaban posición en la frontera belga.



El día 15 de junio por la mañana, el destacamento de Reille alcanzó Marienne comenzando la primera batalla con los destacamentos de Ziethen. Al día siguiente, el dieciséis, los franceses se enfrentaron a los británicos en Quatre Bras encabezados por el duque de Wellington, mientras que Bonaparte luchaba en otro frente en Ligny contra los destacamentos prusianos encabezados por el general Blücher, ganando en poco tiempo la batalla. Ya entonces, el mariscal Grouchy fue enviado por Napoleón para perseguir a los prusianos que contaban con 30.000 soldados para que no llegaran ni a reunirse ni a reagruparse de nuevo. Poco tiempo después, el duque de Wellington movilizó a sus tropas y se refugió en una granja del Monte de Sant Jean, cerca de Wellington, provocando que las tropas francesas cambiaran su situación estratégica con una nueva dirección. La retirada de los aliados de la coalición al mando de Brujee, obligó a perseguirlos con 30.000 hombres, un tercio de las tropas de Napoleón


A las 15 horas, en Charleroi, llegaba el 3º Cuerpo donde ocurrieron algunos errores militares provocando así que, el propio Bonaparte se personalizara rápidamente en aquel lugar enfrentándose a las tropas prusianas que contaban con dieciséis mil soldados. Tras alguna deserción en las tropas francesas por parte de algún que otro general, las tropas de Bonaparte consiguen avanzar y colocarse en buenas posiciones.


El tiempo meteorológico no acompañó durante los últimos días previos a la batalla de Waterloo, y se esperaron fuertes lluvias y neblina, lo cual no ayudó durante las batallas previas, como la de Wavre. Las tropas británicas iban avanzando hacia la costa bajo el sonido de las gaitas escocesas.


El diecisiete de junio, los británicos se instalaban en lo alto del monte Sant Jean ocupando el bando derecho. Estos junto a los belgas y los holandeses, esperaron hasta el último momento la llegada de los prusianos. Por su parte, Napoleón se estableció en otra franja de la zona para proyectar el ataque.











Napoleón Bonaparte Duque de Wellington

 


La gran mayoría de los aliados y las tropas de Napoleón se encontraron frente a frente. Todos esperaron que Francia empezara el enfrentamiento y Wellington, siempre pendiente de un reloj que marcaba la hora exacta de los enfrentamientos, ordenó a uno de sus oficiales que se fuera escribiendo en cada momento y en cada hora, lo que allí iba sucediendo, simplemente se estaba escribiendo la historia de primera mano.


Tras el almuerzo de todas las tropas, se posicionaron cada uno en su bando; Wellington inicia la ofensiva contra un ataque frontal de las tropas de Bonaparte, quien comenzará a responder a señales débiles de sus tropas. La artillería francesa tenía una gran fama y era temeroso y Bonaparte pensaba que era lo mejor que tenía para ganar la batalla. El Mariscal Grouchy tenía 30.000 hombres que Napoleón esperaba con ansia, pero que no llegarían durante aquella mañana. En la reserva se mantuvo el emperador con la guardia imperial y el sexto cuerpo, mientras que De la Colonialé se disponía a colocarse en el bando derecho de la batalla y el mariscal Ney en el bando izquierdo. Al poco tiempo, aparecía el mariscal de campo francés Grouchy, posicionándose con la reserva de caballería.



(Plano de la Batalla de Waterloo a primera hora de la mañana)





El campo de la batalla estaba lleno de barro y charcos, tras la fuerte lluvia caída la noche anterior.


El 18 de junio, la mañana de domingo, nubosa y fría comenzó con un desayuno para todas las tropas, esperando que la neblina espesa se levantara y el clima mejorara. El campo de batalla era un barrizal blando de unos diez centímetros. Uno de sus mariscales, aconsejó a Bonaparte que retrasara el encuentro, pero el emperador no quiso esperar, ya que para él, “las batallas podían acabar incluso en tan solo treinta minutos”. En la gran explanada de Waterloo, se iban posicionando las tropas de la coalición esperando el avance de las tropas de Napoleón que a acordes de música francesa, iban colocándose para la batalla. Al mediodía la neblina iba levantando poco a poco, cuando Napoleón apareció montado en su gran caballo blanco bajo los vítores de sus soldados. Las tropas prusianas contestaron a las francesas con cánticos heroicos de su país. Los británicos empezaron a animar a sus tropas con “El poema cantado d’Atty”, a la espera del primer ataque por parte de Francia.


A las 11.35 h. Napoleón empezó abriendo fuego sobre las tropas de Wellington que se encontraba en lo alto de una cima del monte de St Jean a unos 8 kilómetros de explanada. De los tres cientos sesenta y seis cañones y más de ciento veintidós mil hombres, hubo cuarenta y una mil bajas. De todos sus cañones, ochenta y cuatro apuntaban el bando británico que contaba con 3.500 soldados. Por su parte la Séptima coalición superaba en todos los efectivos a los franceses.


Catorce mil soldados se enfrentaron directamente sobre las tropas británicas, un número muy superior a la de su enemigo.


A las 15.30 h. Wellington ordenó el retroceso de 5.000 jinetes de la caballería británica para poder cambiar su situación estratégica sobre el monte, para el mariscal francés Ney, aquello daba a entender la flaqueza de los actos del duque inglés. Una hora y media después, los británicos volvieron a utilizar la caballería y a las 18 h. Ney atacó de nuevo sobre el bando británico mientras que Napoleón se enfrentaba entonces al prusiano. Un error que cometieron y que ha sido muy comentado por los estudiosos e historiadores, fue que al atacar a la caballería sin apoyo de la infantería sería el detonante del fin de la batalla. A las 19 h. los prusianos dominan ya la batalla y Napoleón junto a Ney siguen encabezando las tropas francesas. El cansancio y el dolor van apagando el fuero francés y cada vez van quedando menos.


A las 21 horas Wellington y el general prusiano Blücher se reúnen en el cuartel general del emperador donde hallaran al mariscal francés Colonialé y una hora después celebran su triunfo sobre las tropas francesas. El fin de aquella batalla cruel y desmesurada abrió un nuevo hito en la historia de las batallas. Por su parte, Napoleón Bonaparte huye hacia Paris donde se refugiará y las tropas aliadas con Blücher le perseguirán para darle caza.


El primer día de julio, el general prusiano entrará poco tiempo después en Versalles junto a los ejércitos de los aliados y restauraran a la familia real francesa con Luis XVIII de Borbón y Sajonia que morirá en 1824. El 22 de julio, Bonaparte se rinde ante sus enemigos y abdica sobre su hijo, Napoleón II Francisco José Carlos Bonaparte (1811-32) sobre un acta adicional a las Constituciones del Imperio. El acto de rendición se realizó en Rochefort, lugar donde capituló delante del capitán británico, Bellerophon. Su hijo no reinaría mucho tiempo.


Napoleón es enviado el 26 de julio (Día de Santa Ana) a la Isla de Helena, a 2.800 kilómetros de la costa de Angola (África), en pleno Océano Atlántico. Esta isla pertenece desde hace más de dos cientos años a la corona británica.



El gran general Bonaparte moriría en aquella isla seis años después de su llegada el 5 de mayo de 1821.


Su hijo, nieto del emperador Francisco I de Austria, morirá de tuberculosis en 1832 en el palacio imperial de Schönnbrunn (Viena); su cuerpo descansó hasta la Segunda Guerra Mundial junto a sus antepasados en la capital austriaca, hasta que Hitler trasladara sus restos a Paris, para ser enterrado junto a su padre en el Panteón de los Inválidos, lugar donde los retos de Napoleón I fueron trasladados en 1840 desde la isla de Santa Helena, tras haber muerto por un potente arsénico, según los últimos análisis a un mechón de su pelo.


ESPAÑA, AÑO 1815


España por su parte estaba viviendo el Sexenio Absolutista desde hacía ya un año. El rey borbón, Fernando VII había derogado la Constitución de 1812 el 12 de mayo del 14, convirtiéndose así en el único monarca legitimista del país, centrándose en un gobierno personal que beneficiaba tan solamente la voluntad del nuevo rey, sucesor de su padre Carlos IV que abdicó a favor suyo. Las personas asociadas al movimiento Liberal serían perseguidas y acosadas constantemente mientras que a los afrancesados (unos 12.000, según Artola), seguidores del rey José I Bonaparte de España y Nápoles, se les daba más margen. Durante el Sexenio Absolutista de Fernando VII, también destacó los intentos de reforma de Hacienda y el fortalecimiento de la oposición liberal.


Desde la llegada de Fernando VII al trono y hasta unos años después, la economía del reino español fue deplorable, las causas las vemos en la agricultura esquilmada, una industria deshecha, las vías de comunicación eran inservibles y las arcas de Hacienda estaban vacías, a causa de los cuales, los precios públicos cayeron trágicamente, y también se le debe al comienzo de la independencia de colonias americanas, a la paralización de la economía española, una fuerte crisis económica también a causa del cierre de bancas, empresas que quebraban y la reducción del comercio exterior. Estamos en una época de contrabando, de inseguridad nacional.


España aclamaba grandes cambios políticos, sociales y económicos con urgencia. Una política insegura y una nueva ley de contribución especial al clero y a la nobleza agravaron aún más el estado de emergencia. Por su parte, Mendizábal comenzó su periplo en su conocida y archifamosa desamortización de Mendizábal, que destruiría muchas iglesias, monasterios, conventos y prioratos innecesarios para acortar gastos económicos de la Hacienda Pública.


PARA SABER MÁS:


LIBROS


- CHANDLER, David “The Campaings of Napoleón” 1966 (en inglés)


- ADKIN, Mark “The complete Waterloo Companion” 2001. (en inglés)


- BARBERO, Alessandro “La Batalla. Historia de Warteloo” 2004-(español)


- VV.AA “Las Grandes Batallas de la Historia” 2009. (en español)


PELICULAS


-Waterloo- de Sergei Bondarchuk (1970) Una gran película para entender mejor como ocurrió la famosa batalla. Protagonistas: Orson Welles, Rod Steiger y Christopher Plummer.



PÁGINAS WEBS:


- http://www.bbc.co.uk/history/british/empire_seapower/battle_waterloo_01.shtml


- http://www.waterloo1815.be/en/waterloo/


- http://www.napoleonbonaparte.es/


- http://www.educatube.es/2008/08/batalla-de-waterloo/





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